La pintura

02.01.2012 20:18

 

Yo no podría describir lo que el pintor plasmó en la pared principal de la casa. Digo, me lo recomendaron, su portafolios de trabajos realmente me impresionó, considerando su juventud y su aspecto desenfadado, casi insignificante, que para mi gusto no es propio de los artistas plásticos. Alguna vez discutí con Lols sobre la facha de los pintores renombrados. A ella le gustaba hablar de Rembrandt, pero yo siempre me referí a Francisco Toledo. Después de todo él, las circunstancias y el lugar eran el meritito Oaxaca. Cantidad de veces me encontré a Toledo en huaraches, pantalón de mezclilla y camisa de manta arrugados, cabello sin peinar y barba sin rasurar, comprando El Imparcial, Noticias y Tiempo.

 

En fin que lo que Sotelo pintó en mi casa realmente me sorprendió. No por la textura, no por la técnica, no por sus fallidos contraluces, no por las figuras ni el uso de colores. No. Realmente me quedé estupefacto, casi con la mandíbula dislocada. Muy sorprendido realmente, porque aquello era una soberana porquería. ¿Pues qué fumaste Sotelo?

 

Cuando le pregunté cuánto me costaría aquello casi me da un infarto. Eso era un descaro, un fraude. Para mí que su portafolios de trabajo ni siquiera era de él. En fin que le pagué y lo corrí de mi casa casi a patadas. De eso ya tiene tiempo. Y ahora me arrepiento.

 

Me arrepiento porque no debí ser tan grosero. Me arrepiento porque juró vengarse. Me arrepiento porque ahora vienen los gringos a buscar y comprar sus cuadros (no tengo ni idea cómo o quién lo “descubrió” y cómo es que llegaron aquellos bodrios a las galerías más importantes de la capital del estado). Pero sobre todo, porque ahora que Sotelo es presidente municipal me tiene aquí encerrado acusado de alterar el orden público, sólo porque en una borrachera se me ocurrió comentar lo pésimo que es como pintor y le fueron con el chisme.

 

Y lo peor es que, por si no fuera suficiente el encierro de 72 horas entre borrachines y drogadictos, Sotelo mandó poner frente a mi celda una copia en tela de aquello que pintó en mi casa, con un letrero de su puño y letra que dice: “No que no cabrón”.